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  • Lorena López Suárez

La visión de un nuevo liderazgo

Mis à jour : 25 déc. 2020

Estamos entrando en una era de cambio global. Vemos con asombro la improvisación, la falta de habilidades para gestionar la percepción y emociones de los pueblos en tiempos de crisis. La división comienza a florecer ante la duda o el miedo. En dónde están nuestros líderes?, ¿tenemos líderes que nos motiven a actuar en garantía mutua, en beneficio colectivo?, si no, ¿Cuáles serán las características de los nuevos líderes?

Hace unos días escuchaba una entrevista a Juan Carlos Echeverry, ex ministro de hacienda en Colombia, quien escribió un artículo que se titula “El siglo 21 comienza en el 2020”, en el cual reflexiona sobre la disputa entre Estados Unidos y China y hace todo un análisis geopolítico sobre la pugna, la tensión que se viene intensificando en el mundo, teniendo un fondo claro... la lucha por el manejo de las grandes fuentes de información de la población mundial. Esta es una tensión que, incluso, se ha tornado un asunto de la agenda bipartidista en el congreso de los EEUU. Posiblemente, será un punto clave y álgido en la política de ese país durante los próximos años.


Sumado a esto, y puedo decirlo desde mi experiencia viviendo en Europa y los debates académicos en los que he participado durante el último año, que también aquí se percibe una creciente tensión y división ideológica a raíz del problema de inmigración hacia la Unión Europea. La discriminación, asunto álgido en el viejo continente, ha dado lugar a situaciones tensas como el Brexit y una serie de replanteamientos sobre el futuro y funcionamiento de la UE, llevando incluso a los académicos, sociólogos, políticos etc a reflexionar sobre una eventual crisis, por no decir fin, de la UE.

En fin, todo este panorama geopolítico actual, la crisis del Covid que nos ha llevado por primera vez en la historia a vivir en detención domiciliaría durante los últimos meses, el panorama no tan claro que podemos ver en organizaciones como Naciones Unidas, nos están haciendo un llamado claro, un grito desesperado a replantearnos las formas de liderazgo de las naciones, de los pueblos, de las instituciones. Pero no solo ello, también de las municipalidades, de los grupos humanos, de la familia misma como núcleo de la sociedad.


Hemos creído hasta esta época que el asunto de liderazgo le corresponde a los Gobiernos y que son ellos los responsables de nuestros destinos; sin embargo, ahora la naturaleza misma nos ha forzado a ver el panorama mucho más claro. La responsabilidad del cambio no depende de los líderes tales como los hemos idealizado. Es hora de preparanos, de educarnos con herramientas o métodos que nos permitan auto gestionarnos, saber convivir en sociedad y desarrollar habilidades que nos lleven del egoísmo al altruismo.


Esta no es una cuestión alejada al escenario político, y las plataformas internacionales, por el contrario, estamos en un tiempo adecuado para tomar decisiones y las nuevas generaciones exigen un cambio estructural en la política global. Es simple, continuamos liderados por seres que no están preparados para liderarse ni siquiera así mismos y que llegan a escenarios de poder solo por el gusto de controlar a otros o trabajar en intereses personales, o nosotros mismos provocamos ese cambio social desde el lugar en donde estemos, nos educamos, nos formamos en empatía, en solidaridad, nos salimos del panorama del ego descontrolado y comenzamos a conducirnos para trabajar en equipo, en grupo y, así, unidos, buscar soluciones colectivas. Ya hemos visto que la primera opción nos ha llevado al caos, al desorden, al consumismo exagerado, al desequilibrio no solo económico, a la injusticia social, sino también al desgaste mental, emocional de los seres humanos que componen una sociedad. Entonces, es hora de arriesgarnos a tomar la segunda opción.


Los líderes de gobierno están expuestos cada vez más al ridículo, a la critica mordaz en redes sociales… pareciera que existe un malestar generalizado al no encontrar en el líder ese “algo” que se necesita y que no está siendo llenado por ellos. Como ya lo hemos visto, el ego nos domina a todos, así que es lógico que las autoridades estatales (quienes también actúan bajo la influencia de su ego, de sus intereses) no logren llenar esa carencia generalizada.

¿Entonces quién es líder? Desde mi observación y apreciación personal, considero que todos tenemos el potencial de ser líderes, iniciando por un liderazgo personal, pues somos los responsables de liderar nuestra propia vida. Digamos que vinimos a este mundo con el rol de gerenciarnos a nosotros mismos para llevar nuestras vidas cada vez a un nivel mucho más elevado de consciencia, de responsabilidad con nosotros mismos, de amor propio para así, poder dar y servir a otros.

El verdadero líder en realidad es un motivador y un visionario que impulsa e inspira el desarrollo de los demás, es un facilitador de procesos humanos que enfoca su energía en llevar a un pueblo hacia la unidad, a la identificación de equivalencia con las leyes de la naturaleza.

Es característica básica del líder, la humildad, significando ella el reconocimiento de hasta donde pueden llegar los demás y hasta dónde puede llegar él mismo. El líder quiere ser quien les sirve a los demás y no quien busca protagonismo. Es como una madre que renuncia a sí misma porque ama verdaderamente servir a sus hijos y no los conduce por su deseo de controlarlos o llevarlos a doblegarse ante ella. El líder entonces es quien logra llegar a una comprensión de sí mismo profunda, quien no solo desarrolla amor propio sino empieza a comprender que a través de su servicio altruista a otros puede ayudarles en su bienestar, como una madre que educa con amor a sus hijos.


El líder, emulando la fuerza del amor, empieza a comprender, casi de manera providencial, las necesidades del alma de las personas, los conoce, es capaz de comprenderlos desde un plano emocional, espiritual porque logra desarrollar la empatía. Empieza a considerar a cada ser humano a partir de su valor más intrínseco, tomando en consideración únicamente lo que es bueno para cada persona.

El líder, desde un plano más amplio, empieza a replantear a un pueblo, a una sociedad entera la necesidad de llevarla a un equilibrio con todo lo que existe, con la naturaleza. Es decir, inspira a otros para empezar a verse ya no como un cáncer, un tumor maligno que consume todo lo que ve, sin límites, sino a verse como parte integrante de todo un sistema natural que nos rige y que nos permite actuar equilibradamente.

El objetivo de un líder es buscar la paz en medio de su grupo, de su familia, de su nación, es un buscador de paz con sus vecinos, sus semejantes.

Actualmente , la imagen que tenemos del líder es aquella según son personas que llevan la dirección, saben a dónde se dirigen y dirigen a su gente, y esta visión no es del todo errada, solo que en la nueva visión del liderazgo esa función se desarrollará en beneficio de los demás, en amor, en preocupación por sus dirigidos. Es decir, inclusive el ego de ese líder será utilizado para el beneficio de su grupo, o nación.

Hace algún tiempo, en uno de los talleres que desarrollé en medio de un curso de liderazgo best-in class, uno de los CEO de una empresa preguntó si entonces, bajo esa óptica no existiría una contradicción con el asunto de la humildad, porque pareciera que el líder, como debe levantarse y dirigir contradice el principio de la humildad. El líder siempre es visto como el que está arriba y los dirigidos como aquellos que están abajo. La respuesta surgió de inmediato con el mismo ejemplo que el de la madre. El líder es la madre que, aun cuando ejerce una posición de autoridad frente a sus hijos, en realidad se encuentra en un estado de bajeza frente a ellos ,porque se preocupa por ellos, se ocupa de sus necesidades y vive las 24 horas de cada uno de sus días en función de servirles, alimentarles, e incluso disciplinarlos cuando transgreden los límites que los perjudican, pero ella lo hace por amor e incluso, bajo ese entendido ella se sigue llenando de fuerzas para hacer lo mejor que esté en sus manos por ellos. La humildad no quiere decir rebajarse, la humildad es reconocida en los líderes cuando ellos escuchan, ven y sienten el alma de cada uno. El desciende para ver y valorar a cada ser humano como alguien grande. El puede identificar las fortalezas y cómo ayudarlas a potencializarlas bajo la influencia del amor, aun cuando añadiendo la severidad necesaria para educar, y/o corregir.

Es importante saber que los líderes fracasan cuando no saben escuchar, no tienen sensibilidad para unir a las personas, para ver y entender cuáles son sus necesidades reales. La justicia y la misericordia deben ser una constante en el líder, deben ser dos características completamente equilibradas. Ni demasiado flexible ni demasiado severo, ni demasiado complaciente ni demasiado restrictivo. Es una cuestión de equilibrio.

La visión de un nuevo liderazgo para las naciones es entonces la de personas que realmente conozca las leyes de la naturaleza, el funcionamiento de todos los sistemas y no solo de una parte de ellos. Serán personas que se esfuercen en ampliar su visión de la existencia, en estudiarse más así mismas, a su entorno, a la naturaleza, de comprender la interdependencia y la interrelación de todos los seres humanos y comprender que si falla uno solo, fallaremos todos. Es en realidad una gran labor debido a que ellos serán personas que se salgan de los cuadros impuestos hasta el momento. Comprenderán que una profesión como abogado, político no será suficiente para entender a su pueblo, es más, reconocerán que incluso la profesión los limita para cumplir ese objetivo. Dedicarán más tiempo al estudio de las emociones humanas, de cómo pueden implementar reglas simples, sencillas que se hagan comprensibles para todas las personas y comenzarán a instaurar sistemas de educación diferentes en donde el premio no sea para quienes ganan una competencia, sino para aquellos que logran más ayuda y beneficio a su compañero, vecino, amigo, etc.

Digamos que la nueva versión del líder es el de un ser que tiene la altísima capacidad para conectar, para empatizar, que ha adquirido un gran nivel de sabiduría más que de conocimientos. Que tiene una vida rodeada de enormes valores éticos, que inspira confianza y se convierte en un influencer de su grupo conduciéndolos siempre a hacer el bien.

El líder sabe que no puede solo y por lo tanto reconocerá que la educación está en manos de todos juntos para que juntos logremos obtener soluciones eficaces y resolvamos los conflictos de manera más pacífica.

Autora : Lorena López Suárez



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