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  • Lorena López Suárez

Una cuota de aventura

Mis à jour : 18 juin 2020

Una historia personal que quizás logre inspirarte...



Hace tiempo, cuando el aburrimiento, la crisis existencial comenzaba a formar parte del círculo vicioso de mi rutina cotidiana, chocaron ante mi dos opciones distintas: dirigirme al norte del planeta, con un tiquete de avión gratuito en la mano o... embarcarme hacia un rumbo desconocido, sola, con nada más que una mochila ligera y la enorme esperanza de ir hacia el corazón del desierto ... la aventura, misionera de mi intuición, saltando en mis entrañas como una cabra loca, cobraba una forma alucinante y por más interesante que la visita a un lugar que ya había chequeado en mi lista de viajes...


Pensé: la sabiduría de antaño enseña que la vida está en constante movimiento y que incontables son las emociones que presionan al alma cuando debe encontrar su camino espiritual. Como la voz que retumba con platillos, recordé el río en movimiento del que hablaba Heráclito de Efeso, un tipo cuyas alucinaciones enseñaba Gonzo, mi profe de filosofía, quien, a propósito, en la carta de despedida del colegio me recordó el célebre lema: “conócete a ti misma”. Pues qué hijuemadre!!! Le hice caso al tal Heráclito, a mi profe Gonzo y a los sabios de antaño y, al cabo de unas semanas, allí estaba, sentada en pasmosa soledad, contemplando aquel extenso desierto, muerta del susto, escuchando de tanto en tanto los bombardeos de entrenamiento de la Fuerza de Defensa Israelí y, además, bañada de pies a cabeza con la primera tormenta de arena que experimenté en mis veinti tantos años de vida. Ah! una que otra noche, cantando salmos, a grito herido, en una suerte de transe místico, tomada de la mano con un grupo de extranjeros completamente desconocidos que encontré por casualidad en un bus de camino a Beersheba.


Allí, en el corazón de aquel extenso y bíblico desierto, fue en donde quise, con deseo propio y fuerza loca, retornar a la fuente de luz infinita. Fue allí donde mis lágrimas de alegría quedaron enterradas, casi casi, junto a la tumba de Ben Gurion, un hombre con quien comparto el mismo amor y visión sobre ese pedazo de tierra desolada, como muchos la llaman.

Allí, en una pequeña cueva, aprendí que muchos son los motivos que nos impulsan a la vida espiritual, pero es únicamente el amor, esa fuerza poderosa y magnética, quien nos incita a cambiar de rumbo, de tiquete de avión, con razones mucho más profundas para conducirnos, paso a paso, hacia ese camino de retorno a la fuente de luz de la cual provenimos. Amé, amo y amaré mi desierto del Neguev. Volveré!


Desierto del Neguev, Israel.

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